Jesús María Renedo Dehesa
Coadjutor (1934-2013)
Nacimiento: Santa María de Ananúñez (Burgos), 5 de enero de 1934
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1952
Defunción: León, 23 de enero de 2013
Nació en Santa María de Ananúñez (Burgos) el 5 de enero de 1934, en el seno de una familia de abolengo cristiano. Fueron sus padres Fernando Renedo y Estefanía Dehesa, agricultores acomodados. Jesús era el benjamín de los cinco hijos del matrimonio.
Sus padres le transmitieron sus valores humanos de trabajo y honradez y sus convicciones profundamente cristianas.
El 7 de octubre de 1947 entró en el aspirantado de Astudillo. A los pocos años, optó por la vocación de salesiano coadjutor. Hizo el noviciado en Mohernando y su profesión el 16 de agosto de 1952. Continuó en Mohernando como hortelano, pero pronto pasó a Zamora. Desde entonces su principal ocupación fue la de enfermero, primero en Zamora, después en Astudillo y en Cambados. En 1958 volvió a Zamora, donde permaneció hasta 1981. Durante esta etapa, Jesús consiguió montar un auténtico dispensario en el Colegio Don Bosco de la universidad laboral, donde él se prestigió como profesional, admirado por el alumnado y considerado por doctores.
El curso 1981-1982 lo pasó en Oviedo y de 1982 a 1993 trabajó en la Fontana (León) como administrador y enfermero. En Cambados estuvo de 1993 a 1998. De ahí fue trasladado a la casa de enfermos de León como encargado de la enfermería hasta 2006, año en que pasó al colegio de Foz.
Su salud comenzó a deteriorarse con problemas renales y cardíacos. Sus males fueron agravándose con el paso del tiempo. En 2012 fue destinado a León, donde su estado de salud se complicó con problemas diabéticos y de hipertensión. Sabía desde tiempo que su mal era definitivo. «¡Dejadme morir, dejadme escurrir!», decía en sus horas de dolor. Falleció rodeado de la comunidad inspectorial en León a las 22.45 horas del 23 de enero de 2013, a los 79 años de edad.
Jesús fue un buen salesiano, con una salesianidad contagiosa y un gran amor a Don Bosco y a todo lo salesiano. Su trabajo de atención a los enfermos fue siempre muy diligente y esta diligencia no la perdió en ningún momento. Al trabajo unió el ser hombre de oración. Notoria fue su devoción a la Virgen María, amante del santo rosario, devoción de la que fue un propagador confeccionando él mismo multitud de ejemplares con semillas de acacia, de algarrobo y de otras plantas. Fue también muy devoto del Sagrado Corazón.
Era además un hombre muy sensible y tierno no solo con los miembros de su familia y con los enfermos, sino con todos; cariño y sensibilidad que extendía también a las plantas, pajaritos y animales domésticos, que le correspondían con sus trinos o sus caricias.