Domínguez Sánchez, Gonzalo

Gonzalo Domínguez Sánchez

Sacerdote (1912-1976)

Nacimiento: Horcajo de Montemayor (Salamanca), 25 de noviembre de 1912
Profesión religiosa: Gerona, 4 de agosto de 1929
Ordenación sacerdotal: Carabanchel Alto, 30 de junio de 1940
Defunción: Sarrià, 4 de abril de 1976

Nació el 25 de noviembre de 1912 en Horcajo de Montemayor (Salamanca); a los 12 años ingresó como aspirante en El Campello, inició el noviciado en Sarrià (1928-1929) y lo terminó en Gerona, donde profesó el 4 de agosto de 1929.

En Gerona mismo estudió filosofía (1929-1931) y realizó el tirocinio práctico en Pamplona (1931-1934). Estudió teología en Carabanchel Alto (1934-1940), que hubo de interrumpir por la Guerra Civil española; fue soldado en Pamplona (1938-1939). Monseñor Olaetxea lo ordenó de sacerdote en Carabanchel, el 30 de junio de 1940.

Trabajó en muchas casas: en Alcoy, Tibidabo, Zaragoza, Huesca-Heredia, Valencia-San Antonio, El Campello, Mataró, Sarrià, Horta y Andorra de Teruel (1956-1957).

Tras dividirse la inspectoría, trabajó en Horta, Huesca-Residencia (1963-1964) como director, y en Hogares Mundet, Sentmenat, Terrassa, Sabadell y Sarrià (1972-1976), donde murió el 4 de abril de 1976 a punto de cumplir 64 años de edad.

Era un hombre amable, afectuoso, culto e inteligente; tenía un gran conocimiento de los clásicos latinos y griegos, y estaba dotado para la música. Pero enfermó muy pronto, hubo de operarse y vivió toda la vida con un solo pulmón.

Su energía natural y su ascetismo marchaban por caminos muy en desacuerdo con su patología. Y probó un tiempo en la Trapa, luego en el hospital de infecciosos y en la vida parroquial; una serie de dificultades, contrariedades, burocracia administrativa, etc., le hicieron desistir y volver de nuevo a la vida salesiana.

En sus últimos años de Sarrià, con más de 60 años, ya no estaba en condiciones de transmitir su mucho saber. Se ofreció a EDEBÉ para traducir, revisar obras, corregir pruebas de imprenta…, además llevaba capellanías de monjas. No paraba; él quería sentirse útil para su santificación y la de los demás.

Era clásico y conservador en toda su ideología, en literatura o música, en costumbres o sistemas; no le resultaba fácil comulgar con las nuevas ideas. Por ello resultó que, aunque era de carácter comunicativo y afectivo, fue quedándose cada vez más aislado.