Antonio Ortega García
Coadjutor (1883-1945)
Nacimiento: Arenas (Málaga), 27 de marzo de 1883
Profesión religiosa: Sevilla, 22 de septiembre de 1906
Defunción: Cádiz, 14 de diciembre de 1945
Nació el 27 de marzo de 1883 en Arenas (Málaga). Con 12 años, entró en el asilo de San Bartolomé de Málaga, entonces dirigido por los hermanos de San Juan de Dios. Los salesianos se hicieron cargo definitivamente del centro educativo el 27 de abril de 1897. Antonio recibió los estudios y la cultura elemental, a la vez que aprendía el oficio de zapatero y germinaba en él la vocación salesiana.
En septiembre de 1903 pasa a Sevilla a hacer el aspirantado, y a continuación el noviciado, que termina con la profesión religiosa el 22 de septiembre de 1906.
Don Pedro Ricaldone, el inspector de entonces, lo envía a las nuevas escuelas de artes y oficios de Cádiz, en las que permanecerá como maestro zapatero hasta 1927. De este tiempo, quizá el más fecundo y largo de su vida, confecciona un texto de zapatería, junto a Nicolás de la Torre. De este texto se publicaron en 1925 los dos primeros cursos; los restantes, aunque ya compuestos, no vieron la luz. En la exposición obrera de la enseñanza católica de Cádiz de 1923 y en la nacional de Madrid al año siguiente, obtuvo premios como reconocimiento a su dominio del arte del calzado. La principal mención fue sin duda la concesión por parte del rey Alfonso XIII de título de Zapatero de Cámara de Su Majestad. Debido a su entusiasmo y buen hacer, el taller salesiano, modernizado, adquirió fama entre las clases más distinguidas de Cádiz. Este trabajo en el taller lo compaginaba con la asistencia a los artesanos y a los hijos de María, la banda de cornetas y tambores y actuando con su clarinete en la banda de música.
Destinado en 1927 a la casa inspectorial de Sevilla, continuó su trabajo intenso y silencioso. Atiende a toda clase de personas con su producción de calzado. En mayo de 1931, proclamada la República con la consiguiente quema de iglesias, él, según fuentes orales, se mezcló entre los incendiarios y consiguió convencerles de que no quemaran las escuelas y la iglesia de los salesianos pues no hay «frailes» en ella, sino unos centenares de pobres e inocentes niños, hijos del pueblo.
Es enviado a Cádiz como formador de aspirantes coadjutores, algo que lo entusiasmó. Destinado ya en esta nueva casa, en septiembre de 1944 un ataque cerebral le paralizó progresivamente la parte izquierda del cuerpo. Pese a su limitado estado, no se resignó a la inactividad y pasaba todo el día en el taller apoyado en su bastón. Así permaneció durante 15 meses. El último día de su vida lo pasó ensayando, sentado, con la banda de cornetas y tambores marcando el ritmo. Pero tuvo que ser conducido al lecho, mientras seguía con su mano el ritmo de la música. El maestro Ortega falleció el 14 de diciembre de 1945 en Cádiz, a la edad de 62 años.
Quien lo veía siempre adusto, tan seco en apariencia en sus expresiones e inexorable en el corregir el más mínimo fallo, podría pensar que ello provenía de la dureza de corazón e insensibilidad. Nada más falso: bajo estas apariencias escondía tal sensibilidad y afecto para sus alumnos, que de inmediato les ganaba el corazón hasta poder fiarse plenamente de él, como de verdadero amigo y protector seguro. Siempre estuvo dispuesto a enseñar su arte y a promocionar a sus alumnos.