Valentín de Pablo Masa
Sacerdote (1946-2006). Consejero General para África y Madagascar
Nacimiento: Castronuño (Valladolid), 26 de abril de 1946
Profesión religiosa: Mohernando, 16 de agosto de 1963
Ordenación sacerdotal: Salamanca, 22 de abril de 1973
Defunción: Touba (Malí), 16 de abril de 2006
Don Valentín hizo el noviciado y la profesión en Mohernando y en Salamanca recibió la ordenación sacerdotal. Tras dos años en Zuazo de Cuartango (Álava), partía para Mozambique en 1975. Su primera obediencia lo llevó a la comunidad de Moatize. La vida en las aldeas había quedado trastornada por la guerra.
En el año 1978, en Moatize, el ir acompañado por un grupo de jóvenes catequistas para las celebraciones litúrgicas sirvió de pretexto al gobierno para librarse de los misioneros y para expulsar a don Valentín, acusado de manipulador de los jóvenes.
Fue así como regresó a España y comenzó a desempeñar su misión salesiana como formador de los estudiantes de teología de la inspectoría de Bilbao en Vitoria. Después de esta experiencia, en 1984 fue nombrado delegado nacional para la pastoral juvenil.
Fueron años de profunda renovación en ese sector salesiano de España. Creó un verdadero equipo a su alrededor; se esforzó, sobre todo, por hacer conocer las múltiples experiencias de pastoral existentes en las inspectorías, facilitando su divulgación por medio de las publicaciones del centro nacional de pastoral; hizo también posible la colaboración de muchos hermanos y seglares alrededor de proyectos compartidos. Promovió igualmente el desarrollo de los centros juveniles y la formación de los animadores. Se crearon las primeras federaciones de centros juveniles en las inspectorías y las primeras escuelas para la formación de los animadores.
En 1993 tuvo la posibilidad de regresar finalmente a Mozambique como director de la comunidad de Maputo-Jardim. Fueron tres años de intenso trabajo, al término de los cuales, fue nombrado superior de la delegación de Mozambique.
Su período de delegado de Mozambique se concluyó con la participación en el XXV Capítulo General, donde fue elegido consejero regional para aquel continente, al que había querido dedicar toda su vida: «Que la región tome posesión de mí. Estoy a su servicio», fueron las palabras de su aceptación del cargo. Los años que siguieron fueron muy intensos. Un trabajo continuo de encuentros con comunidades, jóvenes, colaboradores seglares, con obispos y autoridades.
El Señor lo llamó en la noche de Pascua. Acabada la sesión plenaria del consejo general, salió de la casa generalicia para reanudar la visita extraordinaria a la inspectoría del África Francófona Occidental (AFO). Comenzó por la comunidad de Touba en Mali. Era sábado santo, se le veía muy cansado y se retiró a su habitación. Le dejaron descansar sin pedirle que participara en la Vigilia Pascual. A la mañana siguiente los hermanos constataron su fallecimiento. Era el 16 de abril de 2006. Estaba a punto de cumplir 60 años de edad.
Sus restos mortales fueron trasladados a España y sepultados en el panteón familiar.
Don Valentín de Pablo era un hombre que se caracterizaba por un modo de presentarse sencillo, casi escondido, pero estaba abierto siempre a la acogida.
Desde el punto de vista espiritual, la calidad del buen paño de don Valentín aparecía de modo todavía más evidente en su vida interior. Estaba constantemente presente en los momentos de oración de la comunidad, aun cuando al día siguiente le esperaran viajes largos y fatigosos. Sobresalían en él los rasgos de la espiritualidad salesiana: su amor a la eucaristía, su tierna devoción mariana, con una acentuación muy particular sobre el tema del Magníficat, y su gran amor a Don Bosco y a la Congregación Salesiana. En esto se revelaba todo su espíritu salesiano que él sentía como un gran don de Dios: «Gracias, Señor, por haberme llamado a seguirte según el estilo de la vida salesiana. Que tu gracia sostenga mi fragilidad; que yo pueda responder conscientemente a este servicio de animación al que he sido llamado» (de su diario, 23 de junio de 2003).
Leyendo muchas de las expresiones de su diario espiritual, uno queda admirado de la profundidad de este buen hermano; en ellas se siente palpitar viva la misma pasión apostólica de Don Bosco.
Fue autor de varios libros sobre pastoral y espiritualidad juvenil.